Se puede considerar que los alimentos genéticamente alterados constituyen el peor desastre que le haya sucedido nunca a la dieta americana. Apenas 9 años después de su aparición en el mercado, en 1996, un gran número de enfermedades crónicas han pasado de afectar al 7 por ciento de la población a atacar al 13%, las alergias alimenticias se han doblado en la mitad de ese tiempo y otros muchos problemas de salud se han incrementado desde la introducción de los alimentos genéticamente alterados en nuestras vidas.
Millones de personas pueden estar sufriendo problemas de salud causados por los organismos genéticamente alterados que han consumido como parte de su dieta. La Academia Americana de Medicina Medioambiental ya ha advertido a los médicos que deben ordenar a todos sus pacientes que no ingieran alimentos genéticamente modificados, citando diversos estudios que muestran cómo este tipo de alimentos pueden dañar los órganos vitales, causar problemas gastrointestinales y de tipo inmunológico, acelerar la vejez, provocar infertilidad y una regulación deficiente por parte de nuestro cuerpo de la insulina y el colesterol.
Pero los alimentos genéticamente modificados no son solo un desastre para la salud, sino que también se han convertido en un peligro medioambiental y las afirmaciones de la industria de que iban a suponer un gran beneficio desde el punto de vista económico también han resultado ser falsas.
Para una introducción a este tema, te recomiendo que leas el artículo “10 razones para evitar los alimentos genéticamente modificados”, que habla de todo lo relacionado con este asunto, desde los problemas de salud vinculados al consumo de alimentos genéticamente modificados hasta las pruebas que demuestran que las cosechas de este tipo de productos no son tan sostenibles ni tan viables económica y ambientalmente como el sistema de producción tradicional.

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