Tú quieres dejar de sentirte mal cuando le veas pasar, quieres dejar de ingeniarte una posible solución para regresar con tu ex, quieres estar en paz. Quieres desenamorarte y eso sí se puede hacer. Te enfocarás en esta sencilla lógica. Además, con la constante práctica de todo lo que encontrarás escrito aquí podrás desenamorarte tan rápido como cuando te enamoraste. Y lo mejor de todo: sin mucho sufrimiento.
Después de una ruptura o decepción amorosa hay dos tipos de reacciones de parte de la persona afectada:
La primera es cuando no sufre. ¿Por qué? Porque antes sí sufrió, y mucho. Ahora se ha convertido en una persona liberal, tiene miedo al compromiso porque en el pasado sufrió mucho por una persona y por eso se va de flor en flor para no sufrir otra vez.
O quizá se ha convertido en un misógino o una misandrina. Esto es mucho peor,
porque ha tenido una ruptura traumática tan dolorosa que ahora sólo busca venganza de manera consciente y general en el sexo opuesto. También se va de flor en flor pero al final le da placer ser él, o ella, quien haga sufrir a la otra persona.
Y por último está el insensible. Es aquel que simplemente no siente emociones. Eso es ya una enfermedad mental.
No te conviene tener ninguna de estas tres actitudes tras una ruptura o decepción amorosa.
El segundo grupo es de los que sí sufren. Es completamente normal pero necesita ser conscientes de esto. Hay quienes piensan que el dolor no pasará y son adictos a las relaciones destructivas. A veces ese dolor es tan fuerte que llegan a tener pensamientos muy negativos que se convierten en suicidas. Esto ya es llegar al extremo. Sin embargo, entre los que piensan que el dolor no pasará también hay quienes que, con el tiempo, se dan cuenta que pasó. Pero si vuelven a sufrir piensan que, nuevamente, ese sufrimiento no se irá. No han aprendido la lección del pasado.
Del mismo grupo de los que sí sufren también están los que dejan que el tiempo lo cure todo, que el tiempo se encargue de la recuperación. Esta clase de personas no son ni optimistas ni negativas. Viven tranquilamente.
Y, por último, están los que sí sufren pero toman acción, los que se mueven para disipar el dolor. Este tipo de personas son optimistas y, sobre todo, progresistas.
Para ser esta clase de persona, al terminar una relación debes aceptar que es normal sufrir, ya sea poco o mucho; pero sabes que ese dolor algún día desaparecerá y por ello tienes dos opciones: dejar que el tiempo lo cure todo o recuperarte con tu propio esfuerzo. Así que te decides por la segunda opción, por ello te mueves a la acción...

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