lunes, 12 de agosto de 2013

La autoayuda barata o cómo ser feliz en 24 horas desde el sillón de casa.


Cómo ser feliz en 24 horas con cinco simples pasos; consejos para encontrar la luz al final del túnel desde el sillón de casa y casi sin esfuerzo; el elixir de la felicidad eterna… Desconozco si existen artículos o, incluso, libros bajo estos sugerentes (y tramposos) títulos pero, sinceramente, no sería de extrañar. Por una sencilla razón: la línea que separa la venta de humo y la autoayuda barata de la psicología positiva es demasiado delgada.

En todas las áreas, también en la psicología y en la vida en general, hay un riesgo más que evidente a vender humo, a confundir a la gente con efectos inmediatos, a esgrimir argumentos artificiales, ‘facilones’ y prefabricados. Ocurre en las redes sociales, donde con unas pizquitas de Facebook y unas gotitas de Twitter harán que tu empresa venda muchísimo más en menos de un mes. También en el maravilloso mundo de los emprendedores, donde se nos dicen desde muchos lugares que con una conexión a internet y muchas ideas uno puede dar el ‘pelotazo digital’. O en otros ámbitos como en la enseñanza: “aprende inglés en 1.000 palabras” o “Aprende a ser un líder en dos semanas”…


Se mezclan dos factores que unidos son una bomba de relojería: 1) la necesidad de mucha gente de encontrar el camino y las respuestas en mitad de un caos como el actual; y 2) La urgencia para conseguir los propósitos. Este último es, con toda seguridad, el decisivo. La inmediatez, el deseo de conseguir los objetivos en el mismo instante… Cuando todo se introduce en la coctelera y se agita con fuerza salen títulos como los que abren este post.

En la psicología positiva y el optimismo, se ha banalizado de tal manera que uno puede cambiar su vida sin más sólo con leer un artículo, que puede ser feliz cumpliendo a rajatabla cinco consejos prácticos; que puede superar todos y cada uno de los retos que le va a poner la vida delante sólo con el último bestseller de autoayuda que encontró en la estantería de su librería de cabecera. Pues siento decir que eso es una estafa.

Ni uno puede ser feliz en diez sencillos pasos desde el sillón de la casa, ni uno puede encontrar la luz al final del túnel con unos cuantos consejos. Que una buena gestión de las emociones te dará claves para superar previsibles momentos de debilidad es una realidad. Que un optimista es, a la postre, más productivo, obtiene mejores resultados y tiene mayor calidad de vida tanto en el plano personal como en el profesional está contrastado con estudios serios. Pero de ahí a pensar que del victimismo al optimismo hay un abrir y cerrar de ojos y que encontrar motivos con los que seguir luchando se puede resolver en unos cuantos pasos ‘prefabricados’ existe un trecho importante.

Necesitamos estímulos positivos con los que no perder la esperanza de un futuro mejor. Necesitamos tener la fuerza suficiente con la que afrontar un presente duro, muy duro pensando que tendrá su recompensa. Necesitamos encontrar el sentido a luchar hoy para conquistar un horizonte repleto de oportunidades mañana. Necesitamos recuperar el valor de la sonrisa, del esfuerzo, del sacrificio.

Soy un optimista convencido. Creo firmemente que concentrarse en lo positivo para superar lo negativo hoy en día es la opción más inteligente. Lo defiendo y lo defenderé siempre. Pero no me gustan los mensajes enlatados, ni el ‘buenismo’ artificial, ni una filosofía irreal basada en el principio de que todo es maravilloso. Porque no es cierto. Porque la vida te ofrece  momentos increíbles, pero también algunos nefastos que también hay que superar.

Enseñar a vivir mejor, a encontrar la felicidad en el camino y no en el destino, a superarse día tras día confiando en un futuro mejor. Es eso lo que, realmente, se necesita y no tanto humo y tanta autoayuda barata.

"Jesús Martínez González"


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